| n° 67 sábado 23 febrero 2002 | número atrasado |
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| Está online la tercera parte del tutorial Cómo construir una red y compartir un solo acceso a Internet |
| Los
mil caminos del opensource Por Giancarlo Livraghi Desde hace dos o tres años el tema de la transparencia y de la compatibilidad en el software y en la comunicación online ha dejado de ser un tema del cual se ocupan sólo los "especialistas" o pocas personas particularmente interesadas en la calidad y la libertad de diálogo y de información. Aún es "marginal" respecto al gran fracaso de cosas mucho menos imporantes, pero se habla ocasionalmente del tema, incluso en los mass media. Es igualmente reciente, pero sigue desarrollándose, otro fenómeno interesante: el creciente interés por las soluciones opensource por parte de las empresas - incluidos grandes protagonistas "históricos" como Ibm y otros grandes operadores de la informática, como la reciente fusión de Compaq y Hewlett-Packard. Aún existe un subterráneo, pero creciente, empeño por parte de gobiernos y administraciones públicas en medio mundo (mientras las "autoridades" y las grandes empresas italianas continúan insistiendo con ciega obstinación en la dirección equivocada). No se trata de un "duelo" entre dos únicas soluciones, ni de un choque frontal entre dos ejércitos homogéneos y contrapuestos. No es tampoco la revolución de un "nuevo" (las soluciones abiertas y en particular Linux) contra un "viejo régimen" (los sistemas cerrados y en particular el monopolio Microsoft). No es una insurrección de románticos soñadores, sino un sistema concreto de soluciones prácticas y funcionales. La situación es intrincada y compleja. Con una infinidad de hechos y evoluciones que, al menos hasta ahora, no dan lugar a un cuadro organizado o coherente. Más que una guerra parece una guerrilla, en la cual el corpachón degenerado e infectado de los sistemas desafortunadamente más difundidos es atacado sobre mil frentes por una variedad de soluciones y situaciones diversas, más o menos "pequeñas" pero unidas por una mayor apertura, transparencia y compatibilidad - y por su capacidad biológica de "co-evolucionar", de verificarse y mejorarse recíprocamente. Sucede con frecuencia, en la historia de las cosas humanas, que la evolución y la innovación ocurren en este modo. Sin un plan ordenado y programado, sino por una más o menos espontánea, darwiniana evolución de una infinidad de fenómenos aparentemente diferentes - en la cual se mezclan cosas nuevas y otras que nuevas no son, pero parecían apagadas u olvidadas. Estas evoluciones existen, por fortuna, incluso en Italia. Pero más que en otros lugares están dispersas en una infinidad de iniciativas - frecuentemente sólidas y eficientes, pero descuidades e ignoradas, e incluso a menudo obstaculizadas, por la "cultura dominante" (política, administrativa, de las grandes empresas, de la información y de la formación). En cambio la libertad, la apertura y la compatibilidad deberían ser cultivadas e impulsadas con particular atención precisamente por nosotros. En el frente de las grandes concentraciones y de los sistemas cerrados la partida está perdida - no tenemos ninguna posibilidad de competir. En un cuadro más libre, abierto y múltiple, la prepotencia de la "fuerza de choque" es menos eficaz, hay mucho más espacio para el ingenio, la fantasía, la flexibilidad. Donde hay verdadera libertad y apertura de comunicación, las ocasiones son extraordinariamente más ricas para Europa - y en particular para Italia. Lo importante es entender que el concepto de compatibilidad y de soluciones abiertas no concierne sólo la disponibilidad del "código fuente" en el software (es decir, open source) sino más ampliamente toda suerte de aplicaciones y recursos, incluidos los "protocolos" sobre los cuales se basa la internet y los "lenguajes" con los cuales se organiza la comunicación online. Estas soluciones, desde los orígenes, nacieron "abiertas" y sustancialmente lo son aún hoy. Sólo con una plena compatibilidad y apertura es posible un buen funcionamiento de la internet. Todo intento de encerrarla, presionarla o deformar los sistemas haciéndolos menos compatibles va contra la naturaleza intrínseca de la red. Tarde o temprano termina volviéndose contra quien adopta esos planteamientos equivocados. La libertad y la apertura no son sólo exigencias fundamentales de la cultura humana y de la sociedad civilizada. Son también una ventaja para el business. Las soluciones abiertas no son sólo más administrables y menos costosas. Son también mucho más confiables y eficientes. Quien se encierra, o se deja encerrar, en sistemas o lenguajes condicionantes e incompatibles, al final se encontrará hablando solo con sí mismo - y sofocándose en el tufo de un ambiente privado de cambios, de aire y de respiración. Las insoportables y onanistas "decoraciones" de las cuales ha llenado sus aisladas propiedades no tendrán más valor que los graffiti sobre los muros de una prisión. (*) Por gentil concesión de Giancarlo Livraghi, autor, entre otras cosas, de La coltivazione dell'internet y el reciente L'umanità dell'internet |
| La
dificultad de ser honesto Parece que los gigantes de la música hacen de todo para volver difícil la vida a quien decide pagar su música. Parece difícil, en estos tiempos, seguir siendo una persona honesta y simultáneamente un amante de la música. Con tantos mp3 gratis, ilegales y fáciles de bajar circulando en Internet, la tentación es ciertamente demasiado fuerte. Pero supongamos que una persona, en un ímpetu de honestidad, quiera borrar de su propia computadora los varios AudioGalaxy, Morpheus, Gnutella y desee honestamente pagar por lo que escucha. ¿Qué encuentra? ¿En qué modo las grandes discográficas facilitan su conversión y redención? ¿Cómo es recibida en el rebaño de las personas honestas (y pagadoras) la ovejita descarriada? La respuesta es tristemente simple: la ovejita descarriada es recibida mal, muy mal. Quien decida regresar al rebaño de los honestos pay-per-play, más que una ovejita se siente algo a mitad entre un cordero de sacrificio, un chivo expiatorio e incluso un idiota. Las grandes discográficas han gastado cifras imponentes para poner en pie sus sitios de música paga. Pero presos por la desesperación de salvar sus (enormes) ganancias, lo han hecho en la peor manera posible. Nunca una industria gastó tanto dinero para hacer tan difícil el uso y la difusión de sus propios productos. Sigamos a la hipotética persona honesta que quiere pagar por escuchar música. ¿Qué encuentra en circulación? Primero encuentra RealOne de RealNetworks, el servicio de música paga que tiene la licencia del vastísimo catálogo MusicNet de AOL Time Warner y Bertelsmann. Se pagan 9,95 dólares al mes para escuchar 100 canciones y para bajar otras 100. No parece tan malo y no se entiende por qué no decidieron detenerse ahí y, en cambio, han querido agregar increíbles condiciones. Los archivos bajados pueden ser escuchados sólo en la computadora con la cual fue hecho el download. ¿Y por qué? Además, aun habiéndolos pagado, no pueden ser registrados en un CD para poder escucharlos en el estéreo del auto. ¿Y por qué? Pero no es todo. Cada archivo bajado puede ser escuchado sólo por 30 días, después de lo cual se bloquea. Y si se desea escucharlo otra vez, se debe pagar otro mes y el archivo forma parte de los 100 del mes sucesivo. En pocas palabras, se puede tener sólo 100 archivos en función y nada más. Olvídense de los discos rígidos inundados con cientos o miles de mp3. ¡Ni siquiera pagándolos! El aspirante a persona honesta decide que esto es verdaderamente excesivo y decide pasarse a Pressplay, el servicio de Sony, Universal y EMI. Por 14,95 dólares se pueden escuchar 500 canciones al mes, bajar 50 y también se pueden registrar 10 en CD. Y por otra parte, los archivos bajados son acumulables: cada mes se pueden agregar otros 50. ¡Parece maravilloso, honesto y factible! Pero también en este caso se ha deseado agregar una incomprensible cláusula vejatoria. Todo bien mientras se paguen las cuotas mensuales, pero en el momento en que se deja de hacerlo, todos los archivos se bloquean y se convierten en basura inútil. Aun habiéndolos pagado regularmente. Es increíble cómo las grandes discográficas están haciendo de todo para obstaculizar a las (pocas) personas que quisieran ser honestas. Entre los muchos gigantes de la industria musical, alguno se debe haber planteado la sencillísima pregunta que cualquier usuario de Internet se plantea: ¿es preferible tomar gratis, fácilmente y sin ninguna restricción toda la música que se desea o es preferible pagar para tomar sólo poca música y para colmo con increíbles restricciones? ¿Pero es tan difícil entender cuál será la respuesta de los usuarios de Internet? Giuseppe Laurenza |