sábado 22 setiembre 2001 número atrasado
En este número:
¿De qué se habla en estos días en la sociedad virtual?
Las verdaderas culpas de Microsoft
¿E-commerce o e-charlatanes?
Porquería seleccionada
Canciones censuradas e Internet controlada
Los top del mes:
¿Por qué 1 + 1 debería ser más de 2?
La congestión comunicativa, por Giancarlo Livraghi
Fábula verdadera: el fantástico fenómeno del wireless
Los jóvenes, el celular y el agua caliente
Code Red: un caso emblemático
NEW! Está online la tercera parte del tutorial Cómo construir una red y compartir un solo acceso a Internet
¿De qué se habla en estos días en la sociedad virtual?
Un mensaje que circula en la red, una opinión de G. Livraghi y un documento (¿off topic?) en un newsgroup de Internet.

"Este documento es off topic en un sitio dedicado a la comunicación y a la internet? Me parece que no. Por dos razones. La primera es que un mensaje como éste se difundió en la red cuando los "grandes medios" no habían entendido algunas cosas fundamentales (y en un momento en el cual la velocidad de difusión era muy importante). La segunda es que de la situación pueden derivar también infinitas represiones de la libertad de comunicación y de opinión (y esto no es un mero detalle)."

La frase es del notorio autor Giancarlo Livraghi y ha sido incluida al pie del más reciente
artículo del sitio donde publica sus ensayos y reflexiones.Está escrito en inglés y Livraghi aclara: "Este texto ha comenzado a circular en la internet dos o tres días después del 11 de setiembre de 2001. Más tarde se lo citó en los "grandes medios" de información. Pero muchas de estas menciones son de segunda o tercera mano. Es decir, hablan de él sin haberlo leído (o citan sólo sus conceptos sin saber cuál es la fuente. Puede ser útil, creo, tener acceso al texto original. El autor es Tamim Ansary, un afgano que vive en los Estados Unidos."

Vale la pena su lectura completa, de la cual extraeremos y traduciremos (reducidos) algunos párrafos, invitando a su lectura completa:

"Soy de Afganistán, y si bien vivo aquí [N. de la R.: en los Estados Unidos] desde hace 35 años, hablo como alguien que odia a los talibanes y a Osama Bin Laden. No dudo de que esa gente fue responsable por la atrocidad sucedida en Nueva York. Pero el Talibán y Bin Laden no son Afganistán. Ni siquiera son el gobierno de Afganistán. El Talibán es un culto de ignorantes psicóticos que tomó Afganistán en 1977. Bin Laden es un criminal político con un plan. Pero no sólo el pueblo afgano no tiene nada que ver con esta atrocidad. Ellos fueron las primeras víctimas. Hace pocos años la ONU estimaba en 500.000 la cantidad de huérfanos discapacitados en Afganistán, un pueblo sin economía, sin comida. Hay millones de viudas. El suelo fue literalmente diseminado de minas terrestres, las granjas fueron destruidas por los soviéticos."

Ciertamente esta carta que recorre Internet tiene -y mucho- que ver con Internet. Y no podría ser de otro modo, porque no hay diferencia entre el llamado "mundo real" y el presunto "mundo virtual". Hay un solo mundo, hecho de personas y donde, bien o mal, actúan las personas. Internet no es, ni podrá ser jamás, lo que algunos esperan que sea: una especie de idílica isla electrónica a la cual llegan sólo los ecos lejanos de esa gran confusión que es la realidad, y en la cual la única cosa que se puede hacer es comprar online.
Las verdaderas culpas de Microsoft
El juicio en curso defiende a las empresas, pero no a los usuarios.

El proceso jucidial contra Microsoft fue postergado a causa del trágico ataque a los Estados Unidos, y no hace falta decir que la medida es comprensible.
La postergación del juicio coincide con la aparición del virus Nimda. Apareció el martes y pocas horas después había noticias de muchos sitios golpeados por el recién llegado.
La nueva vedette del mundo de los virus se manifiesta como una especie de combinación potenciada de los dos últimos virus que han sembrado el pánico en la Red: SirCam y Code Red.
Hemos dicho hasta el aburrimiento que todos estos virus aprovechan los muchísimos defectos del software de Microsoft. Lo repetimos claramente: no es exacto definirlos "virus de computadoras". La terminología exacta es "virus de Windows", porque son todos virus que afectan los varios softwares de Microsoft. Si Windows no existiera, desaparecería el 99,9% de los virus y las computadoras vivirían felices y contentas. Por lo tanto, he aquí el tema de fondo: la responsabilidad de Microsoft, la verdadera, que trasciende la judicial.
¿Nunca la justicia castigará a una empresa que expone a sus usuarios a la destrucción total o parcial de las informaciones? ¿No es un caso digno de ser examinado? ¿Vender productos defectuosos (y con efectos colaterales dañinos) no es delito? Si esto es válido para todos los productos, ¿por qué no debería serlo para el software?
A veces surge la duda de que Microsoft esté siendo juzgada por un delito equivocado. Su vocación monopólica perjudica a empresas de su mismo nivel, que podrían responder a la ofensiva con un comportamiento análogo. Hagan también los otros un sistema operativo y luchen comercialmente con Windows. La justicia se preocupa por defender los derechos de los gigantes de la informática. Y en cambio los usuarios no pueden pedir la restitución del dinero que han pagado por un software defectuoso.
Si fuera por los usuarios, la actual causa contra Microsoft no sólo podría ser postergada, sino también sepultada. De hecho, para los usuarios y para el uso cotidiano que se hace de una computadora, Microsoft es juzgada por un delito equivocado. El problema no es tanto el monopolio: el problema verdadero son los virus que nacen de los defectos del producto que nos venden, de los miles de datos perdidos, de los cientos de veces que hay que reinstalar Windows, del tiempo que se pierde cuando se bloquea la computadora, del tiempo perdido bajando patchs. ¿Quién juzgará a Microsoft por todo esto?

Giuseppe Laurenza
¿E-commerce o e-charlatanes?
Una investigación nos advierte: los sitios de ventas online son aún poco confiables.

Parece realmente que comprar online es todavía un hecho demasiado riesgoso. Pero esta vez los hackers que roban el número de la tarjeta de crédito no tienen nada que ver: son los propios vendedores quienes se han demostrado poco confiables.
Esto es lo que emerge
de un estudio realizado por Consumers International, una organización que reúne a 260 asociaciones de defensa de los consumidores en 120 países.
Para probar la confiabilidad general de las ventas online fueron efectuadas más de 400 órdenes, que comprendían la adquisición de DVD, vestimenta, accesorios para computadoras, comestibles, bebidas y reservas de hoteles. Los resultados no son ciertamente alentadores para un sector que está aún tratando de abrirse paso para legitimarse definitivamente.
En el 6% de los casos los bienes ordenados simplemente no llegaron jamás y, por añadidura, en 6 de estos casos fueron debitados bienes que nunca arribaron.
En el 9% de los casos en que los bienes ordenados fueron restituidos, el rembolso nunca llegó, y en el 17% de los casos en que llegó tuvo retrasos de más de un mes.
Aparte de estas vistosas faltas, los autores del estudio han notado que muchos sitios no respetan las más elementales normas de una venta correcta.
Uno de cada 5 sitios no ha dado indicaciones claras sobre el costo total de la operación. Más de la mitad de los sitios europeos no informa a los compradores sobre su derecho a la restitución de la mercadería adquirida, establecido por las leyes europeas.
Muchos sitios no dan información precisa sobre las condiciones de venta ni indican claramente a qué país pueden enviar los bienes adquiridos y a cuáles no pueden o no desean enviarlos.
Anna Fielder, dirigente de Consumers International, ha afirmado que hubo alguna mejora respecto a la situación de 1999, pero que queda mucho por hacer para que la compra online sea plenamente confiable: "Un sector en el cual muchos bienes no llegan o donde los vendedores no envían los reembolsos no inspira confianza en los consumidores."
Si a la escasa confiabilidad de los vendedores online se agrega el temor de ver robado el número de la propia tarjeta de crédito, entonces resulta claro que la causa de que no despegue plenamente el e-commerce no reside en una presunta "pereza" de los usuarios, sino en su justificadísima prudencia.
Porquería seleccionada
Un sitio no apto para amantes de la limpieza.

¿Es usted un coleccionista de porquería? Si es así ya tiene su rincón en la web. Se trata de
un sitio que reúne podredumbres de todo tipo, pero sin dudas lo más destacable es la sección denominada "on display dirt", donde muchos amantes de los desechos de todo el mundo se juntan y aportan sus contribuciones para armar una gran galería de suciedad.
Lo más atrayente de la sección que nos ocupa es que no se trata de las porquerías que podemos encontrar en nuestras casas o en la del vecino, sino de porquerías ilustres. Usted pensará: ¿que tendrán estas mugres que las hacen tan especiales? Para responder eso sólo basta con ingresar y ver cada una de las porquerías embotelladas que se encuentran en exhibición.
Podremos encontrar, por ejemplo, basura del mítico
Madison Square Garden de la misma tarde en que los locales New York Cityhawks vencieron a los San Jose Sabrecats por 54-37 con una memorable actuación de Ron Carpenter, hace más de tres años.
Para los amantes de las grandes maravillas naturales del mundo hay tierra del Monte Everest, de las Ecuatorianas Islas Galápagos, del Gran Canal de Venecia, entre otros lugares imponentes.
También hay basura para nostálgicos, y en ese rubro podemos encontrar la tierra del Rancho
La Ponderosa, de la recordada serie televisiva estadounidense "Bonanza".
Para los rockeros hay tierra pisada por Mick Jagger y Ron Wood, además de suciedad extraída de las adyacencias del museo "Elvis está vivo".
En cada uno está creer si la podredumbre es auténtica o no y si vale la pena visitar este sitio no apto para amantes de la limpieza.

Luciano Sposari
Canciones censuradas e Internet controlada
¿Pero esto no era cosa de talibanes?

Clear Channel Communications, una cadena de 1170 emisoras radiofónicas estadounidenses, habría elaborado una lista de 150 canciones no apropiadas para ser transmitidas en estos trágicos días, según
informa el diario italiano La Repubblica.
A la lista negra fueron a parar "Stairway to Heaven" de Led Zeppelin, "Another One Bites The Dust" y "Killer Queen" de Queen, Simon & Garfunkel, los Beatles y Louis Armstrong.
Se puede quizás entender un cierto pudor en transmitir "Sunday bloody sunday" de U2, ¿pero qué hay contra "Imagine" de John Lennon?
En su
sitio web, ClearChannel refuta la existencia de una lista negra. Sin embargo, "fuentes bien informadas" citadas por Wired confirman que "en la industria de la música había circulado una lista informal de canciones cuyas letras o temas podrían resultar inapropiados en la opinión de algunas personas".
Al parecer, algunas canciones podrían ahora "llegar a ofender a algunos oyentes". Pero si durante años estas canciones no ofendieron a nadie, ¿por qué deberían hacerlo ahora? Es más probable que los oyentes se sientan ofendidos por ser considerados tontos.
Paralelamente el Senado norteamericano aprueba el uso de Carnivore, el sistema de intercepción de e-mails (que, por otra parte, ya estaba en funciones). Por el otro lado los talibanes prohiben el uso de Internet.
En el medio "del sandwich" están los usuarios, entre los que conceden pero controlan y los que brutalmente prohiben. Vale la pena recordar que el ataque del 11 de setiembre fue un ataque físico, geográfico, y no fue un ataque de bits. E incluso si hubiera habido alguna intervención de los bits (Internet), se deberá aceptar que el control ha sido absolutamente inadecuado, o quizás los controladores estaban espiando hacia la dirección equivocada: el espacio digital en el cual todos vivimos. Y olvidaron los objetivos verdaderos.