| sábado 21 de abril 2001 | número atrasado |
En este número : Las víctimas de la
bluff economy. Lo que desea la red. Los chismes de pueblo
arriban a la web. El browser y nuestras exigencias. |
| Las víctimas de la
"bluff economy" Los trabajadores de la new economy: de protagonistas a víctimas en pocos meses Hace sólo unos mese eran buscadísimos, cortejadísimos y superpagados. Sabían que las empresas tenían una necesidad urgente de ellos y se hacían rogar antes de aceptar un cargo. Con la explosión de la new economy y con un río imparable de dinero que se derramaba sobre las empresas tecnológicas, se habían convertido en la verdadera mercadería rara y valiosa. Los trabajadores de la new economy parecían un paradigma diferente de trabajador. Un trabajador al cual se le ahorraba el clásico "pedir un puesto de trabajo". Era al revés: bastaba esperar y alguna empresa seguramente terminaba por requerirlos. Nada de búsquedas de puesto de trabajo, nada de clásicas luchas salariales, nada de amenaza de despido. Indudablemente, una nueva especie de trabajador. Después alguno comenzó a notar el lado negativo de la medalla. Ritmos de trabajo masacrantes: horas, días y semanas siempre trabajando con la ansiedad de la prisa. Porque en la new economy todo va de prisa... y cuidado con perder el momento justo. Alguien comenzó a hablar de "net slaves", esclavos de la red, y a pensar que en realidad la única libertad que tenían era la de irse. Irse de una empresa y comenzar en otra. Con los mismos ritmos y con la misma lucha contra el tiempo. Y entonces volvió a la mente una cosa que parecía sepultada en la arqueología política y social: la lucha sindical. Y volvió a pensarse que los trabajadores pueden organizarse y hacer valer lo que consideran que son sus derechos. También en la era digital; también en la new economy. Después llegó la crisis. Y con la crisis llegaron los despidos y el fin de la ilusión de ser trabajadores inmunes a los viejos paradigmas del mercado. Más aún, los despidos llegaron con una decisión y una brutalidad que en algún caso, como por ejemplo en la CNN, son dignas del más arcaico y prehistórico capitalismo: nunca la metáfora "patada en el culo" fue más adecuada. Y ahora se cuentan las víctimas: mas de 80.000 despidos desde mayo del 2000 como consecuencia del redimensionamiento de la bluff economy, con el descubrimiento de que todas las economías, viejas o nuevas, se asemejan, al menos desde este punto de vista. Y obviamente comienzan los análisis estadísticos del fenómeno. Pero para quien es despedido, y debe hacer las cuentas con su propia supervivencia, la tasa de desocupación es del 100%. Como en todas las "economies", sean viejas o nuevas, tecnológicas o no. Y esto hace sospechar que habíamos mandado prematuramente al museo la lucha sindical. |
Lo que desea la red La música es el primero de los deseos expresados claramente por el pueblo de la red Sobre el hecho de que el caso Napster es importante no hay duda alguna: involucra a una comunidad de personas unidas por la misma pasión por la música. Constituye además uno de los fenómenos más vistosos de internet, por rapidez de crecimiento y también por todos los difíciles problemas que plantea, en cuanto implica un repensamiento del concepto de derecho de autor. Todo esto ya lo sabemos. Pero hay otro aspecto que vale la pena resaltar. Mirándolo bien, es la primera vez que el pueblo de internet manifiesta en manera clara, unívoca y masiva lo que de verdad desea de internet. Es la primera vez que el pueblo de internet se expresa sin términos medios. Hasta ahora todo era bastante vago y poco claro. No obstante las numerosas encuestas, estudios, previsiones y vaticinios de magos y adivinos más o menos creíbles, hasta ahora nadie era verdaderanebte capaz de entender qué cosa realmente desea de internet la gente. Al inicio parecía que el pueblo de la red quería informarse, pero después se sacaba a relucir que los sitios más visitados eran los sitios para adultos. Después hemos pensado que desearían noticias en tiempos rápidos, pero luego sucedió que toda la prensa online comenzó a tropezar vistosamente. Después se pensó que el pueblo de internet moriría de ganas de comprar. Y en cambio arribó el ataque de pánico de las puntocom y el comercio electrónico lucha fatigosamente por decolar. Después vino la moda de los "portales", pensando que el pueblo de la red moriría de deseos de consultar el Nasdaq y enviar mensajitos por el celular. Pero uno tras otro los portales entraron en crisis y cayeron como muñecos. En suma ¿qué diablos quiere este indescifrable usuario medio de internet? Bien, ahora ha expresado claramente y sin incertidumbres una de las cosas que desea: desea música, y sobre esto no hay ninguna duda y todos deberían tenerlo en cuenta. Es el primero (o quizás el segundo, si consideramos los sitios para adultos) de los gustos expresados inequívocamente. Por esto es importante, porque esta vez no hacen falta estudios, estadísticas o encuestas: los deseos de la red están ahí claros e inconfundibles. Probablemente expresará otros deseos en el futuro, probablemente el deseo de música sea parte de un deseo más general de multimedialidad. Hoy quiere música y mañana, cuando la red podrá darlos verdaderamente, deseará films. En sustancia este es el primer verdadeo deseo de masa expresado por el pueblo de la red. Todos los otros son deseos de "nichos", más o menos grandes, pero siempre limitados a grupos, estratos y tipologías particulares de usuarios. Por esto la lucha es feroz: es ya claro que quien vence en el terreno multimedial vence en internet. Guste o no, esto es lo que hoy dice el pueblo de la red. Mañana, veremos. |
| Los chismes de pueblo
arriban a la web Ordinarias historias de provincia, entre cartas anónimas, rumores, juicios y, por supuesto, infaltables acusaciones de cuernos A muchos Internet les pareció siempre la mejor representación de la aldea global y no podía faltar uno de los aspectos más divertidos y típicos de la aldea: el chisme. Pero no nos referimos al chimento cultural, el análisis sarcástico de aspectos escondidos, el fingir ser chismosos para hacerse pasar por cultos. Esto existía desde hace tiempo. Nos referimos, en cambio, al chisme verdadero, auténtico y casero, igual en cualquier pequeño pueblo de cualquier provincia de cualquier parte del mundo. El honor de la crónica es para Fisher Creek, un pequeño pueblo estadounidense, cuyos habitantes parecen protagonistas de una telenovela. La historia comienza en el 97 cuando Tim y Lori Gough reciben nada menos que una carta anónima en la cual son acusados de ser malos padres por haber permitido que su hijo, que padece síndrome de down, participara en una publicidad de la revista People. Pero es sabido que en los pueblos el anonimato es un concepto totalmente ignorado y en efecto la señora Lori está convencida de saber muy bien quiénes son los autores de la carta y lo comenta a todo el pueblo. Son ellos los difamadores: los esposos Keith y Julie Conrad, los cuales, según las más clásicas dinámicas de los pequeños reagrupamientos sociales, son aislados y se convierten en el objeto de todos los rumores del pueblo. Pero el matrimonio Conrad no tolera esto y le hace un juicio al matrimonio Gough, pidiendo 2 millones de dólares como resarcimiento por la difamación. Pero desafortunadamente han perdido la causa. Si no estuviésemos en la era de internet la cosa probablemente habría terminado aquí, pero los Conrad recordaron la existencia de un tribunal mucho más vasto donde podrían seguir protestando su inocencia contra la difamadora acusación de haber escrito una carta anónima: la Web, con millones de usuarios totalmente dispuestos a ponerse el traje de jueces y opinadores. Pensado y hecho: los ingeniosos esposos Conrad ponen en pie un hermoso sitio donde reúnen toda la documentación sobre el "caso", con todos los hechos y testimonios, para poder, como dicen ellos "combatir por la verdad". Y no podía faltar, naturalmente, un foro donde cualquier visitante puede expresar su opinión. Leer los mensajes del foro es muy divertido y realmente sorprende cómo internet puede ser usada para para la práctoca masiva del chisme: junto a pretenciosas opiniones seudo-moralistas hay obviamente acusaciones más de cuernos, dirigidas a las emprendedoras señoras. Verdaderamente un clásico de la literatura de provincia. Por fortuna alguno un poco más sabia recuerda el motivo original de la pelea: el hijo down del matrimonio Gough, y dice amargamente "pobres hijos condenados a crecer en un ambiente como ese". Y francamente no podemos contradecirlos. Pero también nosotros, plenamente contagiados del síndrome del chisme, murmuramos uno: dado que el sitio tuvo miles de accesos mensuales, ¿faltará mucho para que aparezca ahí un banner publicitario? |
El browser y nuestras
exigencias En los últimos tiempos parece que los programadores no supieran bien qué cosa realmente desea el usuario ¿Se imaginan en una autopista encontrar un hermoso cartel que diga "Esta autopista es mejor recorrerla con un automóvil XYZ"? Ridículo ¿no? Y sin embargo la misma cosa sucede todos los días en las autopistas informáticas. Cuántas veces hemos encontrado el irritante aviso "Best viewed with XYZ browser". Esto significa que el diseñador del sitio no ha tenido en cuenta para nada los standards y, en último análisis, se desentiende alegremente de qué browser tiene el usuario. Que lo cambie, si no tiene el browser que él quiere. Pero el problema verdadero viene desde antes. Parecería que los programadores no lograran entender realmente qué cosa quiere el usuario. Respetar los standards es lo primero. Como las autopistas son construidas para todos los automóviles, del mismo modo los sitios deberían ser construidos para todos los browsers. Y en cambio parece prevalecer la tentación de poner fuera de juego a los browsers competidores introduciendo elementos no-standard y tratando así de capturar al usuario y tenerlo atado al propio producto. Si todos nosotros nos diéramos el placer de mandar un e-mail de protesta al webmaster cada vez que encontramos ese irritante aviso, quizás alguno empezaría a entender. Y no hablamos de la tonelada de megas que nos obligan a descargar. Centenares de funciones que nadie desea y ninguna posibilidad de decidir qué instalar o no. Y sin embargo, en nuestros automóviles decidimos nosotros si instalar la radio-stereo, los faros anti-niebla y otros opcionales que no todos quieren. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo con el browser? Que después de todo es nuestro automóvil para recorrer las calles informáticas... No necesitamos las decenas de botones, botoncitos, funciones y chiches de los cuales están llenos los browsers. Lo que necesitamos es que caminen sin detenerse. Y en cambio no. Cargados como están, se bloquean muy frecuentemente aumentando nuestra rabia y sentimiento de frustración. ¿Qué pensarían de un auto que se para cada tanto? Nuestos autos para recorrer las autopistas informáticas hacen exactamente eso. Todo esto no es nuevo: lo sabemos desde hace tiempo. Sin embargo no se nota siquera un cambio de tendencia. ¿Por qué los programadores de browsers no tienen en cuenta los deseos de los usuarios? Probablemente esto se deba a la absoluta prevalencia de las exigencias del marketing respecto a las exigencias técnicas en la definición de las líneas de desarrollo de los browsers (y no sólo). ¿Y las exigencias del usuario? ¡Que se las arregle! |