sábado 6 octubre 2001 número atrasado
En este número:
La víctima ulterior de los atentados: las libertades civiles
El correo electrónico cumple 30 años
Nació la tercera generación
El derecho de tener un nombre
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Los top del mes:
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La víctima ulterior de los atentados: las libertades civiles
Están por ser aprobados en los Estados Unidos recursos legislativos que extienden peligrosamente los poderes de las autoridades investigadoras. Fuertes preocupaciones de las asociaciones de derechos civiles.

Era ampliamente predecible que los recientes trágicos atentados pudieran causar una víctima ulterior: las libertades civiles: Era previsible y, en efecto, está sucediendo. Pronto podrían ser proclamadas en los Estados Unidos una serie de normas que ofrecen a las diversas agencias de investigación y de espionaje un inmenso poder de indagación fuera del control de la magistratura. Muchas asociaciones para los derechos civiles no dudan en definir esas normas como liberticidas y manifiestan una fortísima preocupación por una ley que podría institucionalizar la definitiva y completa vigilancia sobre Internet y sobre todas las formas de comunicaciones privadas entre los ciudadanos de los Estados Unidos.

El mes pasado la administración Bush había propuesto el ATA Act (Administration's Anti-Terrorism Act), que concedía poderes especiales a las fuerzas policiales para tener acceso a datos privados y para detener a personas bajo sospechas de terrorismo. Todo esto sin las adecuadas garantías judiciales, sino quedando simplemente a discreción de los investigadores. Particularmente grave era el listado de los delitos federales de terrorismo. Entre estos están incluidos, sin excepciones, los crímenes informáticos, para los cuales se prevé la pena máxima de la prisión perpetua. En suma, el muchachito que entra en un sitio con uno de los tantos scripts que circulan por la Red es un terrorista y se arriesga a ir a la cárcel de por vida.

En China a los hackers los condenan a muerte. En Estados Unidos, a prisión perpetua. Las diferencias son peligrosamente sutiles. "Tratar los crímenes informáticos de bajo nivel como terrorismo no es la respuesta justa a los recientes eventos", ha comentado Shari Steel, de Electronic Frontier Foundation. Y Laura Murphy, de ACLU, ha dicho: "Nuestro temor es que, dentro de diez años, el pueblo norteamericano mirará hacia atrás y dirá: aquí hemos traspasado el límite que nos separa de una sociedad bajo vigilancia".

En un primer momento las propuestas de la administración no fueron recibidas con entusiasmo por los diputados y senadores, y fueron lanzadas tratativas para encontrar un acuerdo. Parece ahora que el acuerdo fue sustancialmente alcanzado. La Comisión de Justicia de la Cámara de los Representantes ha aprobado por unanimidad una propuesta de ley llamada PATRIOT Act of 2001 (Provide Appropriate Tools Required To Intercept and Obstruct Terrorism Act) en la cual esencialmente se retoman todas las propuestas del ATA Act, aparte de algún marginal mejoramiento, como por ejemplo la posibilidad de revisar en un lapso de dos años las normas más restrictivas.

También la Comisión de Justicia del Senado ha aprobado su propia propuesta de ley denominada USA Act of 2001 (Uniting and Strengthening America Act of 2001) que introduce normas que son aun más restrictivas que las del ATA Act. La propuesta fue aprobada por mayoría: algunos senadores han mostrado fuertes preocupaciones por las normas liberticidas propuestas.
No se puede prever qué ley será aprobada, pero en cualquier caso los derechos civiles de los ciudadanos quedarán fuertemente comprometidos. La conmoción causada por los atentados ha sido fuerte y profunda y en este clima no será difícil introducir esas normas de control y vigilancia que en otras ocasiones, inútilmente, se había intentado imponer.
El correo electrónico cumple 30 años

Había una vez un mundo donde uno comunicaba a sus seres queridos, a traves del tradicional "correo caracol" sus éxitos, sus penurias, declaraba su amor, su desamor, su depresión, sus angustias de insomnio.
Muy a menudo la información llegaba al destinatario cuando ya no tenía sentido: se había resuelto mágicamente la depresión (que aún no se sabía que era solo una momentanea tristeza, saudade, malinconia o mal de ausencia: ni siquiera había elementos para diferenciar los idiomas en que estaba escrita esa gana de llorar). También el éxito anunciado o (en el mejor de los casos) el problema apremiante podían haberse resuelto en el largo camino que deía recorrer la carta. El amor ya no era tal, o el desamor era sólo una desesperada expresión de deseos.
Hace 30 años Ray Tomlinson, principal ingeniero de la compañía BBN Technologies, inventó el modo de hacer llegar la palabra necesaria en el momento justo (1 segundo si todo marcha adecuadamente, 10 minutos si funciona pésimamente).
Recientes estudios dicen que fueron enviados 2.600 millones de e-mail "normales" (correo no solicitado excluido): unos 7.000 millones al día.
Hace 30 años, en suma, nacía el símbolo @ tal como funciona hoy, nacía un medio empresarial insustituible y nacía nada menos que el vehículo capaz de transportar al ser querido la noticia, la frase de consuelo, la felicitación y, sobre todas las cosas, el "te amo" que hace la vida posible e incluso bella.
Nació la tercera generación

Finalmente ha nacido el 3G, la tercera generación de telefonía celular, por obra del poderoso operador japonés NTT DoCoMo. Con documento de identidad fechado el 1ro. de octubre en Tokio, la primera red 3G del mundo permitirá a sus usuarios el viejo sueño (o pesadilla?) de poder verse las caras mientras se comunican.
Al margen de la reticencia que pueda generar el hecho de dejar ver el propio rostro, quizás poco después de despertarse o munido de un des-peinado poco apto para los ojos del jefe, el hecho es indudablemente un acontecimiento.
Al menos porque desde su planeamiento, la esperada tecnología 3G ha despertado tantas discusiones como ambiciones económicas.
Quizás su potencialidad más esperada sea la de crear una versión decentemente visible y, en el futuro, a un precio razonable de la Internet que puede verse a través del minúsculo display del celular.
El derecho de tener un nombre

En un debate realizado por PuntoNet se discutió hace algún tiempo el criterio de la WIPO para arbitrar sobre el derecho a la posesion de un dominio en Internet (que suele beneficiar a las trademarks en detrimento de los ciudadanos comunes).
Ademas de discutibles, las decisiones de la WIPO pueden llegar a ser tambien contradictorias. Veamos dos casos recientes.
En un dictamen auspicioso, novedoso y además curiosamente razonable la WIPO ha admitido que el señor A.R.Mani, residente en Vancouver, Canadá, tiene derecho a domiciliarse en el sitio de Internet armani.com, les guste o no a los renombrados fabricantes de ropa de alta costura.
No tuvo la misma fortuna otro ciudadano canadiense, el señor Stanley Reters, residente en Ontario, víctima de un caso de "cybersquatting" (así llaman al fenómeno de posesión "maliciosa" de un nombre de una gran empresa). En su caso, es la gran empresa la que lo ha cybersquattato. Resulta que a la prestigiosa agencia de noticias Reuters no le gusta que alguien tenga un apellido parecido a su trademark, y ha registrado el nombre del respetable señor canadiense, que al parecer no tiene derecho a llamarse como se llama.
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Desde hace algún tiempo, hemos visto en algunos sitios amateurs, generalmente hechos por jóvenes y sin fines de lucro, la apelación al visitante a ayudar a mantener el sitio sin costo alguno de su parte: alguna frase simpática nos hace notar que el webmaster-director-redactor-secretario-hacelotodo necesita realmente del dinero (poco) que recibe por un click obsequiado a sus sponsors. "Déle, hágalo, qué le cuesta?", nos dicen, en suma.
La caída en picada de la -hasta entonces- sobrevaluada "new economy" hizo más imperiosa la necesidad de buscar fondos tangibles (dinero verdadero) para mantener el servicio brindado en materia intangible (bits) sobre el esfuerzo de personas que no son, en lo más mínimo, virtuales.
Muchos servicios que fueron tradicionalmente gratuitos debieron empezar a intentar cobrar o a hacer malabarismos para obtener una fuente de ingresos que mantuviera su propio funcionamiento.
Y ahora es el turno de las grandes empresas, que con banners cada vez más grandes, ventanas publicitarias paralelas que aparecen sin permiso por delante, por detrás o a los costados, tratan de sobrevivir a la crisis de la publicidad en Internet.
Estos sitios deben vérselas con un enemigo invisible: los softwares que bloquean la publicidad.
La compañía alemana
MediaBEAM acaba de desarrollar un software capaz de detectar si el browser que visita una página web bloquea los banners o los pop-ups. Si es así, hace aparecer un mensaje que advierte al internauta que para acceder al contenido del sitio tiene dos opciones: pagar el contenido o dar acceso a la publicidad.
En tiempos en que varios servicios tradicionalmente gratuitos amagan con volverse pagos, defender la gratuidad de los contenidos de Internet parece ser el imperativo de todos. Y cada uno lo hace con los medios que prefiere: la persuasión o la fuerza. Pero peor es pagar.